Una sentencia de muerte sobre nuestras cabezas

El pecado es una deuda que todo hombre tiene (Romanos 3:23). Es la condición terrible de todo hombre, una vida de espaldas a Dios, dirigiendo nuestros pasos al infierno. Pero todavía hay tiempo, En el siguiente versículo (Romanos 3:24-25) observamos que a través de Jesús obtenemos ese perdón inmerecido, ya que nosotros no podíamos pagar esa deuda.

Ahora bien, requiere Dios algo de parte del hombre (Hechos 2:38). Hace falta arrepentimiento. El arrepentimiento no es un simple gesto de decir “perdón”, “lo siento” o “me arrepiento”, es un cambio de mente, un cambio de dirección, donde se deja de andar en esa vida pecaminosa. También hay que confesar nuestra fe en Jesús como el Hijo de Dios (Hechos 8:36,37). En el texto de Hechos 2:38 también nos dice otra cosa importante y fundamental (Marcos 16:16.), el bautismo para perdón de los pecados. Hay un simbolismo importante en este hecho, no solo en esa característica propia de agua en cuanto a la limpieza, también, como explica en Romanos 6:3-7, nos une a Jesús en su muerte, sepultura y resurrección. Nuestro viejo hombre muere y es sepultado, con nuestros pecados, y resucitamos totalmente limpios para caminar en una nueva vida espiritual. Pasamos de una muerte espiritual a tener vida espiritual.

No solo se queda aquí, ya que hay que perseverar en la nueva vida en Cristo. Pero todo hombre necesita dar estos pasos, necesita quitarse de encima esa sentencia de muerte que es el pecado.

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¡Carnaval, Carnaval!

¿Celebrar carnaval un cristiano? Veamos de donde viene el carnaval primero.

Según algunos historiadores, los orígenes de las fiestas de Carnaval se remontan a las antiguas Sumeria y Egipto, hace más de 5.000 años, con celebraciones muy parecidas en la época del Imperio Romano, desde donde se expandió la costumbre por Europa, siendo llevado a América por los navegantes españoles y portugueses a partir del siglo XV.

Los etnólogos encuentran en el carnaval elementos supervivientes de antiguas fiestas y culturas, como la fiesta de invierno (Saturnalia), las celebraciones dionisíacas griegas y romanas (Bacanales), las fiestas andinas prehispánicas y las culturas afroamericanas.

Quizás saber que es una fiesta totalmente pagana no sea suficiente para algunos cristianos, pero ¿qué es lo que se muestra del carnaval? Podemos ver el famoso carnaval de Rio de Janeiro, con todo su jolgorio desenfrenado y cuerpos desnudos, lo mismo sucede en los carnavales de las Palmas de Gran Canarias. Pero no hace falta irnos a cualquier lugar en concreto, en nuestras propias ciudades cuando nos muestran imágenes del carnaval vemos a jóvenes (y no tan jóvenes) disfrazados a altas horas de la noche con una copa de alcohol y borrachos (por no hablar del sexo que generalmente acompaña a este tipo de eventos). Gálatas 5:21 nos enseña que este tipo de festividades para beber son cosas de la carne, y por lo tanto contrarias a lo espiritual. Y todos sabemos que el domino propio está muy lejos de estas cosas. Aun algún cristiano dirá que puede estar en esos lugares sin participar. Pero 1ª Corintios 10:23 enseña claramente que no todo conviene, y esta situación desde luego no conviene para nada para no dar lugar al diablo (Efesios 4:27).

Encontramos en 1ª Pedro 4:3 un pequeño versículo que prohíbe exactamente todo lo que sucede en el carnaval (y no solo en el carnaval, en cualquier “fiesta” nocturna). Lascivias (del griego aselgia, significa insolencia, descaro, desvergüenza y pasiones desenfrenadas), embriagueces, orgias (del griego komos, significa orgía, desenfreno que acompaña a la embriaguez), disipación (del griego potos, significa sesiones de bebida -alcohólica). ¿Se parece al carnaval?

Una última pregunta deberíamos hacernos los cristianos, ya que somos imitadores de Cristo ¿celebraría el carnaval Jesús?

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Aprovechando bien el tiempo

Así nos dice en Efesios 5:16. Dios nos da toda clase de bendiciones, y ciertamente nos la da para que las disfrutemos, pero como nos indica en el versículo anterior (15) debemos observar con diligencia nuestra vida espiritual.

Sabemos lo valioso que es el tiempo en nuestras vidas. Las empresas compran nuestro tiempo y habilidades a cambio de dinero, también necesitamos tiempo para disfrutar nuestras aficiones y también para nuestras familias y amigos. Pero ¿qué hay de Dios y mi vida espiritual? Debemos ser sabios y tener cuidado de nuestra vida espiritual (estudiando su palabra y corrigiendo en mi vida aquello que no está de acuerdo con su palabra), y por supuesto para compartir el evangelio con todas las personas que podamos.

También tenemos que tener en cuenta, como nos dice en el versículo 15, que debemos andar como sabios. El Señor nos colma de bendiciones, no debemos desatender trabajo, familia, amigos, pero tampoco al Señor. Así que ¡Aprovechemos bien nuestro tiempo!

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¿Qué significa la palabra bautizar?

Bautizar viene de la palabra griega “baptizo”, que significa sumergir, cubrir o sepultar. Para cualquiera en la época de Jesús o los apóstoles era muy fácil entender el término bautismo, para ellos era sumergir completamente debajo del agua. Dice Romanos 6:4 nos dice que somos “sepultados” ¿cómo rociar o derramar un poco de agua va representar esa muerte a la vida pecaminosa? Ciertamente el hecho de sepultarnos bajo el agua representa perfectamente ese acto de muerte a nuestra vida antigua de pecado. El mismo versículo dice “juntamente con él (Cristo)”, explicándonos también el bautismo nos une a Cristo en su muerte. Y no solo esto, si vemos los versículos del 3 al 6 del mismo capítulo, podemos ver que no solo en la muerte, sino también en la sepultura y resurrección.

Esto tiene mucha lógica, porque la sangre de Cristo fue derramada para el perdón de pecados (Hebreos 9:11-14; 1ª Pedro 1:18,19), y vemos en Hechos 2:38 precisamente que el bautismo es para perdón de pecados.

Entonces si el bautismo nos une a Cristo, tanto en su muerte, sepultura y resurrección y es para perdón de pecados, ¿Por qué voy a hacerlo de otra manera? ¿Y a que espero para unirme a Cristo para una nueva vida? No hay excusas para no hacer las cosas como Dios quiere que las hagamos.

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