Bautizar viene de la palabra griega “baptizo”, que significa sumergir, cubrir o sepultar. Para cualquiera en la época de Jesús o los apóstoles era muy fácil entender el término bautismo, para ellos era sumergir completamente debajo del agua. Dice Romanos 6:4 nos dice que somos “sepultados” ¿cómo rociar o derramar un poco de agua va representar esa muerte a la vida pecaminosa? Ciertamente el hecho de sepultarnos bajo el agua representa perfectamente ese acto de muerte a nuestra vida antigua de pecado. El mismo versículo dice “juntamente con él (Cristo)”, explicándonos también el bautismo nos une a Cristo en su muerte. Y no solo esto, si vemos los versículos del 3 al 6 del mismo capítulo, podemos ver que no solo en la muerte, sino también en la sepultura y resurrección.

Esto tiene mucha lógica, porque la sangre de Cristo fue derramada para el perdón de pecados (Hebreos 9:11-14; 1ª Pedro 1:18,19), y vemos en Hechos 2:38 precisamente que el bautismo es para perdón de pecados.

Entonces si el bautismo nos une a Cristo, tanto en su muerte, sepultura y resurrección y es para perdón de pecados, ¿Por qué voy a hacerlo de otra manera? ¿Y a que espero para unirme a Cristo para una nueva vida? No hay excusas para no hacer las cosas como Dios quiere que las hagamos.