¡Carnaval, Carnaval!

¿Celebrar carnaval un cristiano? Veamos de donde viene el carnaval primero.

Según algunos historiadores, los orígenes de las fiestas de Carnaval se remontan a las antiguas Sumeria y Egipto, hace más de 5.000 años, con celebraciones muy parecidas en la época del Imperio Romano, desde donde se expandió la costumbre por Europa, siendo llevado a América por los navegantes españoles y portugueses a partir del siglo XV.

Los etnólogos encuentran en el carnaval elementos supervivientes de antiguas fiestas y culturas, como la fiesta de invierno (Saturnalia), las celebraciones dionisíacas griegas y romanas (Bacanales), las fiestas andinas prehispánicas y las culturas afroamericanas.

Quizás saber que es una fiesta totalmente pagana no sea suficiente para algunos cristianos, pero ¿qué es lo que se muestra del carnaval? Podemos ver el famoso carnaval de Rio de Janeiro, con todo su jolgorio desenfrenado y cuerpos desnudos, lo mismo sucede en los carnavales de las Palmas de Gran Canarias. Pero no hace falta irnos a cualquier lugar en concreto, en nuestras propias ciudades cuando nos muestran imágenes del carnaval vemos a jóvenes (y no tan jóvenes) disfrazados a altas horas de la noche con una copa de alcohol y borrachos (por no hablar del sexo que generalmente acompaña a este tipo de eventos). Gálatas 5:21 nos enseña que este tipo de festividades para beber son cosas de la carne, y por lo tanto contrarias a lo espiritual. Y todos sabemos que el domino propio está muy lejos de estas cosas. Aun algún cristiano dirá que puede estar en esos lugares sin participar. Pero 1ª Corintios 10:23 enseña claramente que no todo conviene, y esta situación desde luego no conviene para nada para no dar lugar al diablo (Efesios 4:27).

Encontramos en 1ª Pedro 4:3 un pequeño versículo que prohíbe exactamente todo lo que sucede en el carnaval (y no solo en el carnaval, en cualquier “fiesta” nocturna). Lascivias (del griego aselgia, significa insolencia, descaro, desvergüenza y pasiones desenfrenadas), embriagueces, orgias (del griego komos, significa orgía, desenfreno que acompaña a la embriaguez), disipación (del griego potos, significa sesiones de bebida -alcohólica). ¿Se parece al carnaval?

Una última pregunta deberíamos hacernos los cristianos, ya que somos imitadores de Cristo ¿celebraría el carnaval Jesús?

Esta entrada fue publicada en Carnalidad, Dias especiales y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *