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Una sentencia de muerte sobre nuestras cabezas

El pecado es una deuda que todo hombre tiene (Romanos 3:23). Es la condición terrible de todo hombre, una vida de espaldas a Dios, dirigiendo nuestros pasos al infierno. Pero todavía hay tiempo, En el siguiente versículo (Romanos 3:24-25) observamos que a través de Jesús obtenemos ese perdón inmerecido, ya que nosotros no podíamos pagar esa deuda.

Ahora bien, requiere Dios algo de parte del hombre (Hechos 2:38). Hace falta arrepentimiento. El arrepentimiento no es un simple gesto de decir “perdón”, “lo siento” o “me arrepiento”, es un cambio de mente, un cambio de dirección, donde se deja de andar en esa vida pecaminosa. También hay que confesar nuestra fe en Jesús como el Hijo de Dios (Hechos 8:36,37). En el texto de Hechos 2:38 también nos dice otra cosa importante y fundamental (Marcos 16:16.), el bautismo para perdón de los pecados. Hay un simbolismo importante en este hecho, no solo en esa característica propia de agua en cuanto a la limpieza, también, como explica en Romanos 6:3-7, nos une a Jesús en su muerte, sepultura y resurrección. Nuestro viejo hombre muere y es sepultado, con nuestros pecados, y resucitamos totalmente limpios para caminar en una nueva vida espiritual. Pasamos de una muerte espiritual a tener vida espiritual.

No solo se queda aquí, ya que hay que perseverar en la nueva vida en Cristo. Pero todo hombre necesita dar estos pasos, necesita quitarse de encima esa sentencia de muerte que es el pecado.

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¿Qué significa la palabra bautizar?

Bautizar viene de la palabra griega “baptizo”, que significa sumergir, cubrir o sepultar. Para cualquiera en la época de Jesús o los apóstoles era muy fácil entender el término bautismo, para ellos era sumergir completamente debajo del agua. Dice Romanos 6:4 nos dice que somos “sepultados” ¿cómo rociar o derramar un poco de agua va representar esa muerte a la vida pecaminosa? Ciertamente el hecho de sepultarnos bajo el agua representa perfectamente ese acto de muerte a nuestra vida antigua de pecado. El mismo versículo dice “juntamente con él (Cristo)”, explicándonos también el bautismo nos une a Cristo en su muerte. Y no solo esto, si vemos los versículos del 3 al 6 del mismo capítulo, podemos ver que no solo en la muerte, sino también en la sepultura y resurrección.

Esto tiene mucha lógica, porque la sangre de Cristo fue derramada para el perdón de pecados (Hebreos 9:11-14; 1ª Pedro 1:18,19), y vemos en Hechos 2:38 precisamente que el bautismo es para perdón de pecados.

Entonces si el bautismo nos une a Cristo, tanto en su muerte, sepultura y resurrección y es para perdón de pecados, ¿Por qué voy a hacerlo de otra manera? ¿Y a que espero para unirme a Cristo para una nueva vida? No hay excusas para no hacer las cosas como Dios quiere que las hagamos.

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